La revuelta de las abuelas: entre el amor y el hastío
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¿Abuela, niñera por defecto?
Hubo un tiempo en el que las abuelas representaban la dulzura de las meriendas de los miércoles y los abrazos de las vacaciones. Su papel se limitaba a visitas ocasionales, un refugio familiar donde uno podía ser mimado. Pero hoy en día, “la abuela” se ha convertido en una institución, una pieza clave en la maquinaria familiar, atrapada en un engranaje sin fin.
La razón es simple: la modernidad lo ha cambiado todo. Con ambos padres trabajando, horarios interminables y costos de guardería exorbitantes, ¿a quién se llama para salvar la situación? ¡A la abuela, por supuesto! Siempre disponible, gratuita y llena de amor… en teoría. En la práctica, algunas sienten que se han convertido en cuidadoras a tiempo completo sin haberlo pedido.
El costo de la vida se dispara, hay escasez de niñeras, las guarderías están saturadas… Así que, les guste o no, las abuelas toman el relevo. Un miércoles aquí, un fin de semana allá, luego todos los días después del colegio, y pronto todas las vacaciones. Hasta que algunas llegan al límite.
Las abuelas de hoy ya no son solo confidentes o narradoras de cuentos. Se han convertido en figuras centrales en la gestión diaria de los niños, mucho más de lo que imaginaron.
Antes, su papel era compartir momentos especiales. Ahora, tienen que hacer malabares con las salidas del colegio, las comidas, los deberes y las actividades extraescolares. Este cambio se debe a la presión económica y a la estructura del mundo laboral, que deja pocas alternativas a los padres jóvenes.
Si bien algunas asumen esta responsabilidad con alegría, otras empiezan a sentir cansancio psicológico ante esta nueva maternidad por delegación.
Los diferentes tipos de abuelas modernas
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Las “abuelas todoterreno”
Aceptan su papel con ternura (y a veces con cierta resignación). Cuidan a sus nietos con energía, les transmiten recetas y recuerdos… pero con el tiempo, terminan agotadas.
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Las “abuelas al borde del colapso”
Aman a sus nietos, por supuesto, pero entre las compras, los trayectos, las rabietas y las noches en vela, están a punto de experimentar el agotamiento parental… ¡a más de 65 años! No siempre se quejan, pero sueñan en secreto con pedir un día libre… ¡excepto que están jubiladas!
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Las “abuelas rebeldes”
Ellas han dicho NO. No a despertarse a las 6 de la mañana para llevar a los niños a la escuela, no a las “vacaciones gratis” con los nietos en casa, no a una doble jornada de vida que ya vivieron con sus propios hijos. Reclaman una jubilación libre, tiempo para ellas, viajes, yoga, cenas con amigos… en fin, una vida sin biberones ni deberes escolares.
Un cansancio psicológico más allá del esfuerzo físico
Se habla mucho del agotamiento de los padres trabajadores, pero se olvida el de las abuelas, que suele ser invisible a nivel social. En psicología, se sabe que la sensación de perder el control sobre el tiempo y la autonomía puede llevar al desgaste mental.
El conflicto interior: amor vs. frustración
Las abuelas se debaten entre dos sentimientos: el amor por sus nietos y la frustración de ver su libertad reducida. Algunas sienten culpa por negarse a ayudar, otras acumulan fatiga sin atreverse a decir nada. Esta tensión emocional puede provocar irritabilidad, falta de energía e incluso angustia psicológica.
El síndrome del “exceso de rol”
En psicología social, existe un fenómeno conocido: cuando una persona asume un papel que supera sus expectativas iniciales, experimenta estrés y sensación de pérdida de control. Muchas abuelas no imaginaron tener que criar nuevamente a unos niños, y mucho menos de forma obligada.
La necesidad de reconocimiento
Cuando una madre ayuda a su hijo con sus nietos, se considera normal. Sin embargo, este apoyo rara vez se valora. Muchas abuelas terminan sintiéndose infravaloradas porque su papel no se ve como un sacrificio, sino como algo que se da por hecho. Y la falta de reconocimiento es una de las principales causas del agotamiento emocional.
La presión social y familiar
Decir “no” a los propios hijos nunca es fácil. Muchas abuelas sienten la presión social de ser “una buena abuela”: deben estar disponibles, ser cariñosas, presentes, sin quejarse nunca. Pero, ¿qué pasa con su propio bienestar?
Por qué dicen no
Lo que sorprende no es que algunas se nieguen a ser las niñeras oficiales, sino que esto siga causando escándalo. ¿Es egoísta una abuela que no quiere cuidar a sus nietos?
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Su respuesta: “¡Ya lo hemos hecho!”
Muchas de estas mujeres criaron a sus hijos mientras trabajaban, sin ayuda de sus propios padres, y a menudo en condiciones más difíciles que las actuales. ¿Por qué deberían sacrificar su jubilación, esa tan esperada “segunda vida”, para repetir la maternidad?
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El derecho a la libertad
La jubilación no significa necesariamente tener tiempo libre para regalar siempre. Las abuelas rebeldes quieren viajar, probar nuevas actividades, descubrir pasiones… y sobre todo, no ser reducidas solo a su papel familiar.
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El juicio de la sociedad
El problema es que la sociedad aún no ha asimilado bien esta idea. Una abuela que no quiere cuidar a sus nietos tiene que justificarse, defender su postura, e incluso enfrentarse a críticas veladas:
- “¿Pero no quieres pasar tiempo con ellos?”
- “Tienes suerte de tener familia, otros darían lo que fuera por estar en tu lugar.”
- “Antes, las abuelas siempre cuidaban de los niños, es lo normal.”
En resumen, las abuelas rebeldes a veces son vistas como egoístas… cuando en realidad solo defienden su derecho a una jubilación elegida.
¿Una revuelta justificada?
Algunas lo dicen sin rodeos:
“Amo a mis nietos, pero quiero disfrutar de mi vida. Los veo cuando quiero, no cuando me lo imponen.” – Carmen, 68 años.
“Cuando crié a mis hijos, nadie me ayudó. ¿Por qué ahora tengo que estar disponible siempre para los suyos?” – María, 72 años.
“Fui niñera dos años para ayudar, pero me di cuenta de que nunca iba a terminar. Tuve que decir BASTA antes de volverme loca.” – Isabel, 65 años.
Estas abuelas rebeldes no son insensibles. Aman a sus nietos, pero luchan contra un papel impuesto. Tal vez algún día dejemos de ver a las abuelas como una obligación y empecemos a entender que la familia debe ser un equilibrio… donde todos tienen derecho a su propio espacio.
Y tú, ¿eres más abuela cariñosa o abuela rebelde?